Descripción
Era Pascua y el Conejo Sonriente estaba emocionado de repartir alegría entre los niños del bosque. Con su gran sonrisa, preparó huevos de colores y los escondió entre las flores brillantes y la hierba verde. Mientras saltaba de un lado a otro, cantaba canciones alegres, haciendo felices a todos los que lo rodeaban. Los niños, con sus cestas vacías, fueron a buscar los huevos mágicos, riendo y divirtiéndose con cada descubrimiento. El Conejo Sonriente sabía que la verdadera magia de la Semana Santa estaba en la unidad, la amistad y la alegría compartida con todos los pequeños. Así, la fiesta continuó, llena de risas y colores, dejando un rastro de felicidad por donde pasaba.






