Descripción
En Nochebuena, los niños del pequeño pueblo decidieron transformar el parque en un lugar mágico, lleno de coloridos huevos de Pascua colgados de los árboles. Con cintas y flores, cada huevo fue decorado cuidadosamente, reflejando los colores vibrantes de la primavera. Mientras se ponía el sol, risas y gritos de alegría resonaban en el aire mientras los pequeños exploraban cada rincón en busca de sorpresas escondidas. Entre juegos y cantos, la tradición de pintar huevos se convirtió en un momento de convivencia, donde florecieron la amistad y la creatividad, haciendo que esa Pascua fuera inolvidable.






