Descripción
Un buen día, Jesús caminaba por una colina, observando la naturaleza que lo rodeaba. Se detuvo, sosteniendo un globo terráqueo en sus manos, simbolizando su amor y cuidado por la Tierra y todos los seres que la habitan. Con una amable sonrisa, comenzó a enseñar a la gente sobre la importancia de cuidar el planeta, enfatizando que cada acción, por pequeña que sea, puede marcar la diferencia. “La Tierra es un regalo divino”, dijo, “debemos protegerla y amarnos como hermanos”. Las personas que lo rodeaban escuchaban atentamente, inspiradas a hacer cambios en sus vidas para preservar la belleza del mundo que Dios creó.






