Descripción
En un valle soleado, Jesús caminó entre la gente, emanando una luz radiante que iluminaba los corazones afligidos. Se detuvo para sanar a los enfermos, consolar a los tristes y enseñar sobre el amor y la compasión. Los niños se reunieron a su alrededor, fascinados por la amabilidad que transmitía. “Yo soy la luz del mundo”, dijo, mientras su presencia reconfortaba a las almas perdidas. Con cada palabra, surgía una nueva esperanza, y la oscuridad que antes dominaba el valle comenzó a disiparse, revelando un nuevo amanecer lleno de fe y renovación.






