Descripción
En un hermoso valle verde, Jesús, el Buen Pastor, caminaba con su rebaño, siempre atento a las necesidades de sus ovejas. Un día, una ovejita se perdió, asustada y sola, al caer la noche. Con amor y determinación, Jesús partió en su busca, llamando suavemente el nombre de la oveja. Al encontrarla, la tomó en sus brazos, consolándola con su tranquila presencia. Juntos regresaron al redil, donde las otras ovejas esperaban ansiosamente. La escena retrataba no sólo la protección divina, sino también la profunda conexión entre Jesús y aquellos a quienes Él cuida, simbolizando el amor y la esperanza en cada corazón.






