Descripción
Era la noche de Halloween y Hulk decidió que era hora de divertirse de una manera diferente. Entró en una casa embrujada, donde los fantasmas bailaban y calabazas iluminadas decoraban cada rincón. Con su enorme corazón, Hulk comenzó a jugar con los espíritus, haciéndolos reír con sus payasadas. Mientras tanto, los niños que pasaban por la casa quedaban asombrados al ver al gigante verde interactuando de forma amistosa con los fantasmas. "¡Hagamos una fiesta de Halloween!" gritó Hulk, y pronto todos estaban bailando, riendo y celebrando juntos, demostrando que incluso el ser más fuerte puede tener un lado divertido y amable.






