Descripción
En el corazón de un pequeño pueblo había un animado mercado donde se vendían las frutas más frescas. Entre los coloridos puestos, una joven llamada Clara soñaba con crear la cesta de frutas más bonita del mundo. Eligió cuidadosamente manzanas de color rojo brillante, naranjas jugosas, uvas moradas y plátanos amarillos, cada uno con texturas y colores que parecían cobrar vida al sol. Con un toque artístico, Clara dispuso las frutas en una canasta de mimbre, creando una obra maestra que atrajo las miradas de admiración de todos los transeúntes. Al final del día se dio cuenta de que, como las frutas, la belleza radica en la diversidad y armonía de cada elemento.






