Descripción
Era una soleada mañana de Pascua, y el Conejo, feliz y lleno de energía, decidió preparar una sorpresa especial para los niños del pueblo. Saltó por el campo verde, recogió huevos de colores y los colocó en su canasta mágica. Con cada huevo que encontraba, imaginaba las sonrisas de los niños al descubrir sus pequeñas maravillas escondidas. Cuando la canasta estuvo llena, el Conejo se sentó en un rincón tranquilo del campo, admirando su creación y soñando con la felicidad que le traería. “La Pascua es un tiempo de alegría y unión”, pensó, mientras esperaba ansiosamente el momento para compartir la magia de la Pascua.






