Descripción
En un hermoso día soleado, Coelho decidió que era hora de compartir su música con el mundo. Cogió su guitarra y se sentó bajo un árbol en flor, rodeado de mariposas y pájaros cantores. Con cada acorde que tocaba, las notas musicales bailaban en el aire, creando una alegre melodía que hacía que todos los animales del bosque se acercaran para escucharla. Las ardillas dejaron de recolectar nueces, las ranas dejaron de croar y hasta los ciervos se unieron a la fiesta. Coelho, con una sonrisa radiante, comprendió que la música tenía el poder de unir a todos en armonía, transformando ese día cualquiera en una celebración inolvidable.






