Descripción
Había una vez, en Nochebuena, un Conejo de Pascua muy especial que se preparaba para su misión anual de repartir alegría y chocolate. Él, con sus largas orejas y su suave pelaje, comenzó a pintar huevos de colores y a esconderlos en un hermoso jardín de flores. Los niños del pueblo estaban ansiosos, pues sabían que, al amanecer, encontrarían estos huevos decorados, llenos de dulces sorpresas. Mientras el conejito saltaba de un lado a otro, susurró: ‘¡La Pascua es un tiempo de unión y felicidad!’ Y así, con cada huevo que escondió, difundió amor y alegría por toda la comunidad.






