Descripción
Érase una vez, en Nochebuena, un Conejito de Pascua muy feliz al que le encantaba decorar huevos. Sacó su pincel de colores y empezó a pintar los huevos con colores vibrantes y diseños divertidos. Mientras trabajaba, se imaginaba la alegría de los niños cuando al día siguiente encontraran los huevos escondidos. El Conejo bailaba y cantaba rodeado de huevos decorados de todo tipo. Sabía que cada huevo que pintaba traía una sonrisa y un poco de magia a la Pascua. Con el corazón lleno de amor, terminó su tarea y se preparó para la gran búsqueda de huevos.






