Descripción
En el corazón de un pequeño pueblo, la tradición del Día de Muertos cobra vida de una manera única. Entre celebraciones, una calavera adornada con flores vibrantes y patrones intrincados se convierte en el símbolo del festival. Los habitantes se reúnen para honrar a sus seres queridos, creando un altar donde destaca la calavera, rodeada de velas y fotografías de quienes han fallecido. A medida que se acerca la noche, los niños se visten con trajes coloridos y bailan al son de la música folclórica, aportando alegría al espíritu de fiesta. La calavera con flores, con su contraste entre muerte y vida, enseña que el recuerdo es una celebración del amor eterno.






