Descripción
En un pueblo tranquilo, las cuatro estaciones se presentaban como mensajes divinos que reflejaban la belleza de la creación. En primavera florecían flores de colores, que simbolizan la renovación y la esperanza que Dios trae a cada nuevo día. Llegó el verano con su sol radiante, recordándonos la luz divina que calienta nuestros corazones. El otoño, con sus hojas doradas, enseñó sobre la importancia de la gratitud y la preparación para los tiempos difíciles. Finalmente, el invierno cubrió todo con su manto de nieve, representando la paz y la reflexión que nos acerca al Creador. Cada estación trajo consigo una lección espiritual, uniendo a todos en fe y armonía.






