Descripción
La noche de Halloween, el pequeño pueblo de Arvoredo se preparaba para la fiesta más terrorífica del año. En el centro de la plaza, se alzaba un árbol mágico, cubierto de calabazas talladas que brillaban con luces naranjas y verdes. Los murciélagos daban vueltas alrededor de las ramas, mientras fantasmas de papel bailaban con el viento. Los niños del pueblo, vestidos con sus disfraces de monstruos y brujas, se reunieron para colorear el árbol, trayendo vida y alegría al sombrío ambiente. “¡Hagamos de este árbol el más aterrador y divertido de todos!”, exclamó Ana, mientras sus amigas la acompañaban con risas y pinturas de colores.






