Descripción
En una tierra lejana, un sembrador salió a sembrar sus semillas. Mientras caminaba, algunas semillas cayeron al lado del camino, otras en terreno pedregoso, algunas entre espinos y finalmente otras en tierra buena. Los que caían al borde del camino eran devorados por las aves, los que caían en pedregales se secaban por falta de raíces, y los que caían entre espinos eran asfixiados. Pero los que cayeron en buena tierra crecieron y produjeron abundante cosecha. Esta parábola nos enseña sobre la importancia de cultivar un corazón receptivo para que el mensaje divino pueda florecer en nuestras vidas, trayendo frutos de amor y bondad.






